Adiós, tres cerditos, adiós

Podemos explicar los resultados de las elecciones catalanas en clave de cuento: Tres huchitos y más. El tripartito saliente serían los tres cerditos, y Mas sería el lobo. Todo desde una óptica de izquierdas, claro, que la de derechas no la tengo y quien da lo que tiene, no está obligado a lobos, queremos decir a más. Ustedes perdonen si la simbología empleada me distorsiona el lenguaje. Los lenguajes deberían ser matemáticos y el orden de los sinónimos no debería alterar el valor de su suma. Pero estamos atravesando una mala coyuntura económica y las políticas empleadas nos encarrilan hacia derivadas tan poco deseables como predecibles. El gobierno Zapatero puede ir tomando nota de los 3 cerditos –quienes seguramente seguirán actuando y haciendo bolos por otros ámbitos parlamentarios igualmente, pero menos- y estar preparados para cuando les ocurra lo mismo, igualito, calcado y sea el PP quien les tome el relevo como una irresistible ascensión de Arturo Ui. No hace falta que Krugman nos recuerde que como ya dijo Swift, en épocas de crisis las derechas arrasan. Ya nos lo olíamos aún sin saberlo. ¿Qué sería de nosotros, si nadie nos comiera?, dicen por boca de El Roto los cerditos. Lo peor es que hay muchos, muchísimos cerditos que han ido a entregar su voto para que se los coman, que al declinar los gobiernos la implementación de alternativas a la crisis recomendables para el pueblo conduce a muchos y diversos tipos de suicidios voluntarios en las masas. “Que me conviertan en embutido”. “A mí en sobrasada”. “Yo me conformo con hacer de hucha pelada”. Todos los cerditos debieran haber dicho “Y un jamón; los que quieran ser lobos, que se voten solos”. Pero no ha sido. En las anteriores elecciones se le vieron las orejas al lobo; la crisis ha ido haciendo estragos y en consecuencia, esta vez han sido las orejas y más.

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Las ciudades invisibles y los toros que se ponen ciegos a pateárselas

En Las ciudades invisibles, Ítalo Calvino habla de un “infierno de los vivos” y sus dos formas de afrontarlo. Una, “volverse parte de él hasta el punto de dejar de verlo”; la otra, “buscar y saber reconocer quién y qué, en medio del infierno, no es infierno, y hacer que dure, y dejarle espacio”. Con estas palabras, Rosa María Artal, desde un artículo suyo que recomiendo a todo el mundo pues no tiene desperdicio, me recuerda que desde hace algún tiempo veo a ese toro blanco y no es por lo que los ingleses llaman ceguera para los colores ni nada de eso. El toro se ha vuelto blanco desde que se pasea por las ciudades en olor de multitudes y desde que el tour suyo y de su séquito no sale del oro negro, cosa que hasta cae dentro de cierta lógica previsible, sino que sale del bolsillo de todos los españoles, lo cual ya es potencialmente más sangrante; es como decir llámame cornudo, que te pago la bebida, ¿no creen?

The birthday party es una pieza de teatro que cuando menos, resulta inquietante. Desafortunadamente, los diálogos se le escapan a una de las manos cuando no alcanza ese nivel de inglés requerido para una traducción fiable. De todas maneras quedan las imágenes, cuyo valor resulta inapreciable, si se forma parte del colectivo humano que nunca se aburriría en una filmoteca con proyecciones a tiempo completo en versión original. Se parte de una situación aparentemente inocente que pronto se convierte en amenazante, por la conducta de alguno de los personajes presentes en la escena, que resulta carente de toda lógica e incluso incomprensible para el resto de los actores y para todo el mundo.

Esta mañana alguien ha perdido una hora buscando las gafas, que es poco más o menos como quedarse sin la traducción de los diálogos entre la concreción de las cosas y la borrosidad con que llegan a los ojos con vista cansada. Me he acordado de ese personaje de Harold Pinter al que le rompen las gafas en el momento que juega a la gallina ciega.

Just another Perrilin

Me llamo Fiona como todo el mundo. Quiero decir como todo el mundo sabe; Fiona, como todo el mundo sabe. Aunque el nombre es lo de menos, Fiona, que lo que importa es el quien; o sea, lo que encierra esa cápsula contenedora denominada nombre es lo auténticamente relevante, y desgraciadamente se suele proceder muy a la ligera cuando se dice que se me conoce de esto, de lo otro y de lo de más allá. Una eme, se me conoce. ¿Cuántos saben lo que realmente significa ser ogra y además, verde? Fiiiiiiiiiiu… , tantos como se pueden contar con los dedos de una mano, y seguramente sobran dedos, que verde hay mucha gente, pero no son ogros y ogros también hay a punta pala, pero no verdes; de todo lo cual se infiere que todos nos parecemos en algo, aunque siempre hay algo que nos hace distintos, bien sea dicho que de distinto a raro hay un pasote. Hasta ahora se ha penalizado a los raros por lo que podríamos denominar ley de la discriminación natural. Hablo de un tipo de discriminación absolutamente intolerable y absolutamente tolerada, lo cual es un caso de justicia que seguramente clama al cielo, en el bien entendido que se clama al cielo desde algún intolerable planteamiento situacional en la tierra. Todo el mundo terrestre desearía ser Fiona si ello fuera sinónimo de celebridad o si fuera sinónimo de genialidad, pero tanto lo uno como lo otro son circustanciales y ambos circunstanciales no salen de la nada, sino que suelen ganarse a pulso. Para ganar algo, hay que arriesgar también algo; pero muy poca gente está dispuesta a correr riesgos y la inmensa mayoría del personal, cree de veras que las cosas buenas le caen a una por su cara bonita. Qué curioso. El triunfo siempre tiene su cara bonita; y si no, echemos una mirada a los comics: cantidad de personajes de los comics son feos a muerte, patosos a muerte y vulgares a muerte, pero también son tremendamente queridos por la gente y si existiera la cirugía comikestética, estoy por decir que mogollón de seguidores se apuntarían a quirófano para sacarse look a lo Simpson, a lo Simba o a lo yo misma. Qué terrible, ¿verdad? Con los parecidos es como si no hubiera escapatoria para el ser individual; de hecho, cada vez que alguien se me parece, advierto cómo se materializan sus pensamientos en mi oído derecho, que es el oído bueno. Como si no hubiera bastante con los pensamientos de una, para tener que estar siendo blanco fácil de ajenas interferencias. Se necesitarían varias vidas para acarrear con todo y acarrearlo todo bien. Aunque lo peor es que siempre hay gente con una frecuencia de vibración superior a lo normal que se te empieza a materializar en lo cognitivo y por más que le des al dial tuyo propio, te deja la emisora tan fuera de onda que hasta que al susodicho mariposa le dé la gana de  irse a otra cosa no eres dueña de tus actos. A veces me cambio los nombres; de hecho, alimento una baraja de nicks tan cuidada que daría sopas con honda a las cartas de postres más resultonas. Los nombres compuestos son mis preferidos, porque puedo conservar mi nombre propio de pila, más el nombre añadido; por ejemplo, Federica Fiona, que suena de categoría. Claro que al poco, empiezan a hacérsele visibles las connotaciones que tiene el nombrecito; a Federico Fión, por ejemplo, que ya es la leche. Siempre pensé que versionar el nombre de un muerto no me acarrearía tantos problemas como versionar a un vivo. Menuda equivocación. El otro día recibí un mensaje de Depósito de Hibernados, que la mujer de Fión estaba hasta el gorro de ir a visitar a su cónyuge y tener que salirse por donde había venido sin haber podido pegar la hebra ni medio minuto en locutorio abierto, porque se lo encontraba con la pila a cero y pese a gastarse las perras en recargas de urgencia, cuando le hablaba ya no lo hacía con voz propia sino con la voz de otro. Y no veas la que se armaba, cuando ese otro era una mujer. “Sí, claro, qué le voy a decir; si yo estoy viva todavía y paso por el tubo de la risa cuando alguno de esos listillos por lo libre me coge del latido por la toma de fuerza y me parasita todos los recursos”. Joé, con los hibernados. Quién se lo había de imaginar. Me encantan los helados de cualquier manera, pero antes de pedirme ninguno, primero me muerdo la lengua.

La perrita Perri Lin

Tocar y pared

 

Cuando me pongo una buena peli me sitúo en el extremo absoluto de la falta de atractivo físico, esto es, poco más o menos, Woody Allen en versión chica; incluso se diría que Woody tiene más appeal que yo en el sentido que suele tomarse eso del appeal, pero mis sentimientos, en cambio, son bellísimos. Pero a muy poca gente le interesa lo intangible y a casi nadie le interesa la calidad de los invisibles sentimientos. Y con este convencimiento, me pongo en el papel de la protagonista que sí está en el canon. Y, durante todo el tiempo, la pantalla, a través de esa actriz me sirve de vehículo para vivir las situaciones que la sociedad, por naturaleza propia y por su excluyente escala de valores, me prohíbe o cuando menos, me dificulta protagonizar. Puedo estar horas intentando explicarles la magia de ese momento, pero si digo que cuando el reflejo de las propias facciones se sobrepone a las fílmicas facciones de la prota es como si se diera vuelo o incluso antes que vuelo, vida a una paloma, ya lo digo todo. Ah, qué delicia más saludablemente satisfactoria el visualizar; qué gran oficio, el ser actriz, actor. Si las cadenas de televisión deben luchar a brazo partido por conseguir una sociedad más justa e igualitaria, Telemadrid aún más; para empezar a emerger de la basura y ponerse a la altura requerida, podría abstenerse de invitar a tertulianos que no alcanzan el nivel cultural y que ni siquiera respetan los derechos de los demás, pero que eso sí, a la mínima de cambio exhiben sus carencias humanas en forma de soez degradante exabrupto.

Las películas, las piezas de teatro sirven para visibilizar injusticias. Visibilizar: me gusta la palabra. A menudo me siento frente al portátil durante una hora o más, para ponerme una película. El rectángulo de 40×25, más o menos, es ese territorio en que voluntariamente nacimos y al que regresamos consciente o inconscientemente para tener siempre dieciséis años. Es una injusticia recibir trato vejatorio por ser mujer y lo es aún más que la conviertan a una en cliché andante en materia de estética. No es preciso haber sido un bellezón alguna vez para entenderlo. El racismo estético produce aberraciones y monstruos; una síntesis entre ambas cosas son los monstruos aberrantes; cada vez es más fácil detectarlos, pues todos sienten una atracción especial por Telemadrid. En la frecuencia de tertulianos que ponen de manifiesto esta circunstancia, Salvador Sostres.

Políticas en precario

Mientras se suceden las manifestaciones en apoyo de la lucha saharaui por toda la geografía  española, el gobierno no condena los graves hechos ocurridos porque “nadie los condena”. Tampoco parece que se van a suprimir al ciento por ciento las páginas de los periódicos destinadas a anuncios de prostitución, puesto que la prensa “no está preparada” para suprimir una de las fuentes de ingresos más importante para que algunos rotativos de gran tirada no vayan a dar en la bancarrota. La Iglesia va a seguir recibiendo subvenciones millonarias por parte del Estado, porque según Zapatero no estamos preparados para todo lo contrario; esto es, no hay consenso para una sociedad organizada aconfesionalmente. Claro que tampoco aquí termina la falta de preparación, o si no hagan la prueba de mentarle al gobierno la urgencia de hacer una reforma de la ley electoral para que un millón de votos no valga tres escaños mientras trescientos mil votos valen diez; se iban a quedar con ganas de decirles que el pueblo no está preparado para entender que dos y dos no son cuatro, lo sumes cuando lo sumes. Gaspar Llamazares pasó por ello y lo sabe de primera mano. El caso es que esté o no esté preparado este gobierno para llevar a término el ideario programático por el que se presentó a las urnas en los últimos comicios, se pone de manifiesto que las poltronas ministeriales sí están preparadas para aguantar las posaderas del preparado y muy bien preparado apoltronamiento de los políticos en el poder establecido que a riesgo de la salud política general obstaculiza la circulación del organismo plural “conjunto de todos los ciudadanos de la nación”, hasta poner en peligro el auténtico sentido participativo de toda democracia. Habría una manera fácil de invertir las tornas y sería que los que sí están preparados  se pusieran en el lugar de los que no están preparados y todos los demás, ocuparan una poltrona. Ustedes me dirán que no habría bastantes plazas para todos, pero ¿y las expectativas de trabajo que se abrirían bajo el lema “Ni un ciudadano sin una poltrona”, fabricando sillas congresuales para toda la gente a quienes los cuatro preparados tienen por no preparados?

¿Nos estamos equivocando de guión y quienes nos hablan así son personajillos en blanco y negro de Villar del Río que nos recitan “Americanos”,  en el estribillo de bienvenida a Mr. Marshall?

Un avestruz en El Aaiún

El Frente Polisario intenta que el Sahara Occidental sea un país más en el seno de la Unión Africana. Esto no es ninguna novedad,  y para tal efecto se llegó al acuerdo de hacer un referéndum supervisado por la Minurso (Misión de Naciones Unidas para el Referéndum del Sahara Occidental). Tras las últimas actuaciones del ejército marroquí en “los campamentos de la dignidad”, disparando a civiles desarmados, su presidente, Mohamed Abdelaziz, alerta en L´Humanité de las graves consecuencias que comporta el retroceso que se está produciendo en el proceso de negociación. Mientras Santiago y Barcelona se ponía de veintiún botón para recibir al Papa, en Gdeim Izik  se desmantelaban las jaimas que han albergado a 20.000 saharauis en su honesto acto de protesta  contra la opresión marroquí. Pero de regreso forzoso a sus hogares, se encuentran con que colonos marroquíes entran y salen por ellos como Pedro por su casa. Mientras, el gobierno socialista español, arguye que no es su problema, y desplazando la intervención diplomática a la Organización  de las Naciones Unidas, esconde la cabeza en un agujero para no oír el grito de alerta. Si la política exterior española va de pájaros, sugerimos que en lugar de hacerse el camello de las aves, se haga el frailecillo que es mucho más sencillo y será hasta religioso y todo lo que se quiera, pero a la hora de quitarse de encima a los depredadores se las arregla de maravilla.