Que es lo que contemplo, templo

El raro ejemplo en esta fábrica admiro y mientras admiro, miro que es lo que contemplo, templo.

(Juana Inés de la Cruz)

A lo primero, cuando me acababa de tirar a la piscina de Internet y ni siquiera sabía lo que era un blog, una bitácora,  venga a meter preguntas en el buscador –que tampoco sabía que se llamaba buscador- y venga a darle al intro -tecla maravillosa que te metía en un acto de magia para ti solita en un par de poderosísimos segundos-, me encontré con un blog de un profesor de instituto que hablaba de sus clases públicas y de sus cosas particulares. Creo que se llamaba Gómez de apellido; lo creo porque estaba yo metiendo Carmelo Gómez en el qué se le ofrece del buscador, a ver qué me ofrecía. Empiezas a buscar información sobre un topic sin mayores complicaciones, como por ejemplo un actor que te cae bien y terminas en el año que viene de las islas Navidad, que todo lo celebran con una hora de antelación. Debo estar hablando del año la pera, porque hoy he repetido la operación y Carmelo Gómez, el actor, tiene varias direcciones web para escoger. En el hipotético año la pera de mi experimento –las cosas pasan mucho más deprisa en la vida virtual que en la real; de hecho la vida virtual ha vuelto totalmente obsoleta a la otra-, no tenía ninguna. Sí, seguro que el chico se llamaba Gómez y a más a más, le sacaba un parecido inequívoco al mismo Carmelo. Ni corta ni perezosa, me metí en comentarios y le pregunté con la mayor delicadeza que sé dar de mí, en eso sí me manejo como pez en el agua, si acaso era familia del actor. Enseguida me contestó; en un tono muy alegre y empático, me decía que no era la primera vez que le hacían la pregunta (uno), y que ya le gustaría a él tener un vínculo de familiaridad tan cercano como el que facilita la familia con un intérprete a quien tenía en alta estima (dos). Así me encontré de buenas a primeras –simetrías de la vida- con una persona a quien no conocía de nada (uno) y un mismo objeto de culto verdadero a compartir que no fuera su novia (dos). Perdí las señas de este chico en uno de los frecuentes naufragios que me dejaban sin el viejo Compac  por unos cuantos días hasta que el servicio técnico –como odio este par de palabras-  me lo reparaba mandando de paso  mi  lista de mails y mis direcciones electrónicas al zorro carajo. Ahora que me gustaría escribirle para linkearle el blog de su homónimo por partida doble (nombre y parecido), y lo busco y no lo encuentro, de quien más me estoy acordando es de las maldades que el fastidioso servicio técnico se gastaba por aquel entonces con los navegantes novatos. Pondremos un yutú de El perro del hortelano, para quitar el mal sabor de boca. Y con el dibujo extra de Carmelo (by Laundida) y un bizcocho, hasta mañana a las ocho.

Perri Lin

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