Mas es menos

Mas es menos.

Las primeras actuaciones del gobierno Mas, en Cataluña están relacionadas con las restricciones de dinero; CiU entró a gobernar con un déficit presupuestario heredado del gobierno anterior y se puso manos a la obra no con la intención de llevar una gestión pública más saneada, sino de abortarla a base de recortes sin cuento; una vez que la Sanidad pública desaparezca del todo, es imposible que genere gastos a cargo del erario. ¿Qué piensa hacer CiU con todo el ahorro que trata de generar a golpe de recortes? Aunque este se presente como uno de los misterios de Lourdes por revelar, el pueblo catalán no es tonto y ya se teme que tendrá que echar mano de la cartera para pagarse diagnósticos adonde la Sanidad privada, que como también está en manos de la clientela convergente, la salud pública acabará convirtiéndose en redondo negocio privado de los amigos de Mas haciendo su agosto con la abducción de consolidadas competencias públicas. El recorte de fondos no sólo introducirá limitaciones en la solicitud de pruebas diagnósticas; también reducirá el personal de seguridad de los centros y paralizará el desarrollo de las tecnologías informáticas en atención primaria. En consecuencia, la atención dejará de ser atención para pasar a ser primaria, y gracias. Quien paga manda, y cuando Mas se ponga enfermo y vaya a visitarse al hospital público que le corresponda, las cosas ya habrán tomado tal rumbo que se le entregará un euro simbólico por cada una de sus honorables visitas. Por aquello de “Qui paga, mana”, “Oiga, que yo soy el que manda y comanda, y en todo caso, desearía pagar o copagar”, dirá Mas. Improcedente, President, improcedente: Usted ya sólo manda, y gracias. Con el gesto torcido, Mas se irá a casa asegurándose de que al menos sólo sea él quien a título de excepción cobra por ser visitado, y no el resto de los catalanes. Qué perra por hacerse ricos, la de los convergentes; y está claro que hacerse rico es algo que forma parte del inconsciente colectivo, pero como no está bien hacerse repentinamente más rico a costa de que los pobres sean repentinamente más pobres, todo nos conducirá sin duda hacia el incómodo capítulo de la legalidad vulnerada, pues cuando un gobierno pone tan caro un servicio básico como es la salud de los ciudadanos, la vida deja de plantearse en términos de bienestar o mejorestar y se convierte directamente en una merienda de negros en la que, por fijo, lo más barato que hay es morirse.

Cuando un pueblo decide en las urnas dar primacía a su propio enemigo, se incurre en este tipo de contrasentidos cuyos corrosivos efectos sobre los bienes públicos son impredecibles. “Encante a sus amigos y confunda a sus enemigos con las más recientes usanzas: Pérdida de Cabello, Piernas de Mantequilla, Lengua Atada y Mas, Mucho Mas”, podría recetar un manual de encantamientos para principiantes; pero habrá que echar mano de la mejor de las magias para deshacer el entuerto, porque la avidez de los privatizadores planea sobre Cataluña con hambre de retraso.

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