Loro

“Ese fue el día que la tierra dijo: escribir un árbol, tener un libro, plantar un hijo…”

Loro
No nos referimos al animal que más fama tiene de estar a sí mismo -o sea de estar al día o estar “al loro”-, sino al loro o azarero, uno de los árboles entre los que menos se les ve el plumero por la Península, pues tiene su área de influencia restringida a la Sierra de Gredos. De hojas que recuerdan al laurel –hay quien asegura pertenece al subgénero laurocerasus, si bien aparece reseñado en diferentes estudios como prunus lusitanicae-, por sus flores rosáceas, que se agrupan en ramilletes de unos 25 cm., es más pariente del almendro o del cerezo. Sus hojas permanecen verdes durante todo el año y las frutas, que tienen el aspecto de pequeñas cerecitas (de más o menos 1 cm. de diámetro), primero verdes, luego rojas y finalmente negras, sí son comestibles para los pájaros. El loro puede llegar a alcanzar 18 m. de altura y al amparo de la humedad en la vega de algún río o manantial consigue formar loreras o pequeños bosquecillos.

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