Alamillos

 

 

Ya se partió la rama

del arbolé

por donde seco muere

y tierno crece

 

Ay, cómo corría por el agua

el corazón

templando el caudal verde

de su voz

 

Ayer, eso fue ayer

 

Los días y las noches

se confundían

mientras los sueños

doblaban por las esquinas

 

El batracio del aire

hosco y húmedo

escondía sus penas de jardín

en nocturnos bancos de arena

 

La tarde, en su campana

sin amígdalas

iba poniéndose extraña

y altiva

 

Lo crudo del invierno y el tiemblo del frío

se iban alejando lentamente

mientras las flores venían

con más gente

 

Las gafas

pararon con el golpe en la calzada

 

Súbitamente, parió la fuente un río

y llegó hoy

restregándose los ojos

de los alamillos.

 

 

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