¡Qué sueño!

Ya está aquí la semana de los santos y las vírgenes que no se han muerto, que sólo los han contraído en estátuas para patearse las calles con ellas al hombro los costaleros. Entre muchas otras gentes más o menos anonadadas, acudirán al llamado de la saeta muchos humanos que no sienten escrúpulos en matar a los perros, dar mala vida a los gatos y sacrificar a sus cerdos de modo explícitamente cruel. Procesiones sin cuento para rezar, llorar y pedir perdón cantando o incluso callando a las imagenes de su devoción. A esto nadie lo llamará inconsecuencia. Se le llamará en cambio, actos de interés cultural y tradición milenaria. Por suerte, la Semana Santa siempre cae en no laborable y Usted es perfectamente libre de ir a gastar su tiempo adonde le apetezca sin tener que soportar otros sopores, otras inconveniencias u otras molestias de simbología religioso folclórica como las que marcan la tónica en las calles de los pueblos al compás de las bandas de musica municipañes. A mi sueño acudió una dolorosa que me resultaba extraordinariamente familiar. Tenía las luminosas facciones de una recién lavada y peinada caniche blanca. Los apósteles, eran unos espléndidos galgos color canela. En los sueños, como en las vacaciones, cada cual escoge el sitio adonde le da la gana ir. O adonde quedarse.