Toros embolados y otras formas de tortura

Bouesia. El término no se acentúa en catalán, aunque ello no quita ni añade dificultad a la hora de encontrarle un significado un poco más allá de su etimología aparente, que atendería al híbrido resultante entre la palabra toro (bou) y la palabra poesía. En la última década se han venido celebrando festivales veraniegos de “torosía” a lo largo de las Terres de l´Ebre. Siempre pensé que en el programa de estas celebraciones habría un respeto y defensa incondicional a la figura del toro. Pero yo nunca la he detectado. Y no creo que sea por inadvertencia. Es que hay manifestaciones culturales que son más de boquilla que de vaquillas. El resultado es increíblemente simplista y abrumadoramente vacío de contenido. Si no, vean. Una bouesia, por ejemplo, puede ser esto:

El boutérmino no se bouacentúa en boucatalán, aunque ello no bouquita ni bouañade boudificultad a la bouhora de bouencontrarle un bousignificado un boupoco más bouallá de su bouetimología bouaparente… Tontosía pura.

Las Terras de l´Ebre siguen siendo un reducto de maltrato animal para con los toros. Cuando vivía allí y se acercaban las fiestas patronales de julio, tenía que salir corriendo con los perros porque el uso y abuso de petardos en las celebraciones callejeras ensordecía a mis animales y los ponía fuera de sí. La brutalidad, aprovecha esta ocasión para dar rienda suelta a toda clase de fechorías hacia los toros. El bou embolat, es una de sus celebraciones estrella. El toro suele quedar para el arrastre, después de pasar toda la noche persiguiéndole por las calles, un par de bolas de brea encendida en sus dos astas, y siendo pinchado con palos rematados en clavos y/o púas metálicas. Golpeado y atado con ristras de latas de conserva vacías, el toro conoce también la lapidación… No es verdad que no lo matan, porque al final del atrabiliario circuito, hay el carnicero que le dará el toque de muerte y lo librará así de tanto sufrimiento. “Dónde va a parar, la carne de toro maltratado es mucho más fina y sabrosa”, se oye comentar a algunas personas que esperan darse el banquete con la subsiguiente comida popular de toro estofado que se va a administrar uno o dos días después. “Más bou embolat. Queremos más”, grita la jauría. Y en muchos pueblos, se condesciende con dos bous embolats, uno al principio y otro al final de la fiesta. Este año, en Deltebre, un día de fiesta se ha convertido en día de luto porque el bou embolat se ha cobrado una víctima humana. Una desgracia. Pero dentro de la desgracia, esa víctima humana podía haber escogido no estar ahí. La otra víctima, el animal, no.

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