Marisa Pare Ces desde el Piruliko

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Vamos a lo nuestro, que es escribir, dijo sentándose a la mesa. Los libros se amontonaban unos encima de otros, de modo que desde el lado opuesto al suyo ni se le veía la cabeza. Ella le saca un puñado de años al chico. Pero se nota, escribió. Y si se nota, que se note. ¿A quién le va ni le viene? Nadie en el mundo le entiende a él tan bien como ese ser tímido, diminuto y entrañable que va llenándose de arrugas por doquier, le importe o no le importe. A lo mejor seríamos del mismo año, mes y día y no nos querríamos. Esas cosas vienen como vienen y hemos de aceptarlo. ¿Acaso le importan al gato un par de arrugas de más? Pues si al gato no le importan, no está de nuestra mano cambiar el curso de las mismas, dijo él. Luego, echó a correr hacia el ramo de escaleras de forja de la torre. Espérame aquí, volvió la cabeza hacia ella. Queria subir hasta lo alto para gritar bien fuerte y bien alto la grandeza su amor. Nombte: Te Quiero. Apellidos: Ahora Osiempre. Pero una vez arriba, lo único que le salió de la garganta fue un prolongado inmenso ¡uaohhhhhhhhhhhhhhhhh! que se extendió una eternidad. La intención es lo que cuenta, reflexionó en modo conformarse on. Bajó las escaleras liberado de un enorme peso, aunque conteniendo el aliento por si recibía un sobresalto. Tenía motivos. Para el sobresalto. La dinosauria ya no estaba allí.

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