Nocturno/Diurno

mij

-Me llamo Nati.
-¿Nati qué más?
-Jaca. Nati Jaca.
Nati y yo vamos en el mismo departamento. Para mí es un viaje de doce horas al menos. Para ella también, porque llevamos el mismo destino. Ella ya va en su asiento cuando yo subo al tren. Me lleva 19 kilómetros de ventaja. Veinte minutos. En setenta kilómetros cambiaremos de tren, aunque para entonces ya sabremos _vaya coincidencias_ que cursamos los mismos estudios en la misma lejana city. Ella en segundo y yo en primero, pero en la misma escuela normal femenina. Qué fuerte. Qué fuerte que no nos hayamos visto antes en todo el trimestre que llevamos de curso. Que nuestra primera toma de contacto coincida en un tren sevillano, tras las fiestas de Navidad, compartiendo asientos contiguos.
-Es que yo asisto poco a las clases-, dice Nati.
-¿Y eso?
-Primordialmente porque las clases son diurnas. Tengo una inclinación irresistible a salir por las noches. Tengo a mucha honra haber aprendido casi todo lo que sé de alternar con letraheridos. Gente que está en el ajo de la creación. Artistas. Artistas de Madrid.
No me cabe ninguna duda que Nati lleva una vida bohemia de mucho cuidado. Y si no, que alguien me diga cuántas estudiantes de magisterio meten “primordialmente” y meten “letraheridos” tan seguidos en una conversación normal y corriente.
Viene que yo ya he terminado la carrera, y Nati sigue repitiendo curso. Y un puñado de años después, el pañuelo del mundo, curiosa casualidad otra vez hace que Nati y yo nos encontremos en una ciudad a las antípodas de Madrid, en reunión del ramo de enseñanza.
-Señora Madrid la Nuit-, me presento. Nos fundimos en un abrazo. ¡Al final te dieron el título de maestra!
-Sí, jeje. El caso es que Madrid se empezó a poner cargante por las noches. Eso y volverme yo diurna fue todo uno. Convendrás conmigo que en la normal había profes tope interesantes-. Nati me hace un guiño de complicidad.
-Oye, ¿por qué te llaman Nijo esta gente?
-¡Ah, eso! Nijo. Ni Jota. Es un apelativo cariñoso. Ya me estoy quitando del vocablo exquisito, ¿sabes tú?
-Vaya. Qué lástima. A mí me encantaba.
-No pasa nada. Tú también me puedes llamar como te dé la gana.
-No sabría cómo llamarte.
-No pasa nada-, se vuelve Nati. ¿Ves? ¿Tú no tienes ni idea? Si te gusta mi alias, te lo paso.
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