La copa •}{•

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La copa
(V.O.S.E.)

Una vez se llena una copa hasta arriba, sigue llenándose y nadie es capaz de entender lo que pasa hasta que por fin un niño que corre tras una pelota que ni siquiera es suya advierte que la copa está creciendo en profundidad. Precisamente la profundidad es una dimensión que todo el mundo pasa por alto. La copa se ha crecido en una calle larga y perfecta. El lado derecho de la calle presenta un perfil muy hablador. No siempre habla consigo mismo. Los monólogos, si se repiten con frecuencia son la monotonía en persona. El perfil hablador del lado izquierdo resulta tan parecido y tan simétrico alperfil hablador derecho como una gota de agua a otra gota de agua. Los diálogos entre las dos gotas de agua resultan estimulantes y a veces son tan edificantes que eclosionan esencialmente en un espectáculo de alegría pura. Nos queremos dar un beso, declara el lado L. Pero que nadie nos corte por ello por la mitad, añade el lado R, asaltado por un más que fundado miedo a dejar de ir a medias en todo por culpa de una autoridad competentemente envidiosa de la felicidad ajena. La copa sigue llenándose y la calle sigue tirando hacia un fondo cada vez más profundo. La gente empieza a seguir la corriente del beso y se besa sin parar y si para, es para las necesidades más imprescindibles. Para no perder la costumbre del beso ni darle la oportunidad de que se eche en el olvido, se establecen turnos de sueño y vigilia por bloques y portales e incluso por plantas de pisos, hasta que una vecina muy lúcida y observadora de los fenómenos naturales asegura que se puede vivir relajadamente y se puede dormir cuando le venga en gana a cada cual, que el beso es consecuencia de la sed y la sed es una de las leyes fundamentales de la Naturaleza. Lo sabía, exclama la media parte L. Siempre lo supe, aunque gracias por explicarlo tan bien, le agradece a la vecina sabihonda. Claro que sí: Sed y multiplicaos, sentencia la media parte R echando mano mal que bien del proverbio aprendido.
Para volver a su butaca, pidan una salida de cartulina en la puerta de acceso, dice el anuncio de la pantalla. Se han encendido las luces del techo. Se prohibe tirar cáscaras de pipas y cacahuetes en la sala, dice el siguiente anuncio. Pronto se apagan las luces del techo y quedan las de posición que no dejan ver nada. El cine, de programa doble, está lleno hasta los topes. Cuando se acaba la sed precautoriamente satisfecha con el pago previo de la entrada, la sala vuelve a quedarse vacía. Siempre se cuela algún espabilado. Cuatro gatos, siempre los mismos. Si no los pilla el acomodador y los saca tirándoles las orejas, les deja absolutamente igual que estén tan mal vistos.

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