Yoko Ono en el Zapillo

Llevando un sofá entre las manos, un par de muchachos cruzan descalzos un paso de cebra por la avenida Cabo de Gata a esa hora de la tarde en que solo circulan por la calle cuatro gatos. Tal vez los chicos también son cuatro en lugar de dos, que llevo sin comer desde anoche y mi cerebro ya procesa a medias y todo. El sofá puedo asegurar que es de dos plazas, me he fijado bien porque los sofás grandes nunca me han gustado. Según como se mire, un sofá biplaza tan cuco hasta podría ser un piano camuflado por los cojines. Destino previsible del enser: el contenedor de la basura, adonde como no va a caber se quedará haciéndole compañía al lado. “Sí, está nuevo así mismo, exclama Yoko sentada en lo alto como una princesa de circo. Los cuatro gatos se la miran de reojo, divididos entre los que miran de reojo al sofá y punto y los que miran de reojo la performance calibrando si vale la pena pararse un momentín a recibir un chute de teatro callejero cien por cien gratuito que justifique aplazar el estrés y la prisa por un rato. Genial, exclama Yoko con su Canon 500D en mano, filmando todo el rato. Ya se sabe que para una performer fuera de serie como ella, el espéctaculo es como una ecuación cuyas incógnitas las van despejando los espectadores. Además, para Yoko antes de la música es el álgebra.
-¿Y cómo se llamará?-, le pregunta un curioso.
-¿Cómo se llamará el qué?
-El chorizo entero a lo Abbey Road que os estáis marcando.
-¡Ah, eso! Se llamará: Zebra crossing with sofa interpreted by myself.
-Oiga, ¿y no me dejaría tocarlo a mí también, como espontáneo del evento?
-Pues queda fuera de toda posibilidad, mire. El sofá es mío al fin y al cabo. Y la idea de sacarlo a la calle también, así que si lo que usted quiere es tocar una idea, le aconsejo que primero la deje salir de su cabeza.
-Nada. Pues usted perdone la insolencia. Tengo dos perros míos y soy matador de simulación, que nunca mataría ni una mosca. Usted tiene los ojos rasgados más bonitos que se han visto en todo el Paseo Marítimo y si no me cayera bien me faltarían los cinco sentidos. En fin, señora, soy vigilante nocturno de la gasolinera, si le puedo ser útil en algo, este es mi número de teléfono.
-Olvídelo amigo. Le doblo la edad y encima soy de tuenti con lo que es como si estuviera sin teléfono un día sí y otro también.
-Ya veo. Lo de la edad es una forma fina de decirme que no le intereso y lo de Tuenti es para acabarme de partir por la mitad.
-Le felicito, caballero. Se expresa usted con propiedad. Y lo de incidir en las mitades es un acierto. El estudio de la mitad es una constante en toda mi obra.
Yoko se acaba de pintar de negro de arriba abajo, por delante y por detrás del lado izquierdo. Con la mano del color de la carne del lado simétrico le ofrece media invitación para su próxima performance en Alme (se supone que quiere decir en Almería).
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