La mort dans ce jardin

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La mort dans ce jardin es una película de Luís Buñuel, de su época mejicana. En ella un puñado heterogéneo de personas atraviesan la selva mientras las fuerzas represivas de un régimen dictatorial los persigue. El grupo se ve reducido drásticamente tras el hallazgo de un avión estrellado que contiene un alijo de joyas y vestidos que ocasionan la pérdida de cohesión entre ellos, desencadenando una serie de incidencias en las que la avaricia, la envidia y la venganza acaban reduciéndoles a la mínima expresión.
Encontramos la peli completa en youtube. Está en francés- Estábamos asistiendo a un curso sobre fotografía y música titulado Arquitecturas del silencio. Enn La Isleta, de Cabo de Gata y teníamos que conducir a diario desde Mojácar a La Isleta y viceversa porque la perrita Alisha había caído enferma, la persona que debía cuidar a las mascotas nos había fallado y temiendo una recaída, no podíamos dejar a la perrita al desamparo. La primera vez que nos acercamos al cortijo de La Loma donde se iba a dar el curso estábamos a primeros de julio y los dos perritos también venían. Queríamos preguntar si conocían a alguien que guardara a los perros bien en el cortijo mismo o bien cerca. Para poder visitarlos y dar un paseo con ellos una vez al día al menos. ¿Hay alguien ahÍ? Llamamos varias veces y al final salió un pastor alemán por el pasillo pavimentado del jardín. A reconocernos. Un personaje bondadoso y viejo cuya morfología de animal doméstico acusaba los signos del intenso calor de este verano. La buena disposición del perro se puso a prueba cuando Alisha le empezó a gruñir. Siempre hay que llevarla atada corta por lo quisquillosa que es con gente que no conoce aún. El pastor alemán nos mostraba los caninos a cierta distancia. Y así nos fuimos, sin haber podido contactar con algún humano. Después ha venido el curso, que ha sido fantástico a pesar del inconveniente que han supuesto los desplazamientos y el no haber podido quedarse a dormir en el cortijo. Un compañero se refirió a La muerte en este jardín, en una de las pausas de las matinales que eran pura teoría de la buena. Y junto a las ganas de conocer la película aparecieron las preguntas sobre el perro, quien nunca más había vuelto a hacerse visible por el jardín. Preguntamos al dueño del cortijo. Estábamos a finales de julio y el perro había muerto hacía unos días. Parecía como si nos hubiera dejado todo el sitio a nosotros, el nutrido grupo de componentes del curso. ¿Y sus restos? El perro es de una compañera y estaba muy mimado; lo tuvo que sacrificar para evitarle el sufrimiento en vano, dijo el dueño. Está enterrado cerca del lugar. Nos quedamos tranquilos. Pero se nos olvidó sacar una foto del jardín sin el perro. Esa foto totalmente espiritual nos falta. Cuando Alisha se recupere de la crisis que la ha dejado casi ciega y sin ganas de comer nada volveremos a La Isleta. Y echaremos la foto que falta.

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