Tarde de viento, y Carnaval

Hay que aparcar en algún sitio, pues lo que tengo delante es un par de coches que van a paso de gusano como nosotros. Ni que hubiéramos tropezado con una procesión. Hace un par de minutos, en la rotonda de Río Abajo, una unidad de la policía cortaba el tráfico con el coche patrulla plantado en medio de la carretera. Uno de los policías se deshacía dando brazadas y desviando por la carretera de la montaña los autos que llegábamos de Garrucha. Personalmente, la carretera de la montaña me es un respiro en medio de julio o incluso en medio de agosto, en que la carretera de la playa se vuelve superlenta por la masificación brutal del turismo, pero en invierno prefiero ir por la avenida del Mediterráneo: las vistas del mar son lo más relajante y precioso del pueblo entero. ¿Qué he hecho? Pensando que el corte se debiese a una incidencia de tráfico o incluso a un accidente atmosférico -hace un viento inusual en el lugar-, lo que he hecho ha sido girar hacia la playa tan pronto he encontrado una callejuela transversal que me devuelve a mi ruta prevista. Ahora me encuentro una hilera de coches que van a cámara lenta y tan extrañamente calladitos como si el claxon estuviera aún para inventar. ¿El claxon? Ahora que digo claxon, se oye una música mucho más fuerte que la radio y de mucha peor calidad. Debe salir de uno de esos coches con altavoces para la publicidad de algún evento. ¿Evento? Eso debe ser, algún evento, porque más adelante sobresale la carcasa amarilla de una especie de carroza bastante rudimentaria. Ahora caigo: el domingo de Carnaval es hoy. Y he pillado la rua por la cola. Vaya faena. Me desvío por un lateral a la primera de cambio, que es de nuevo otra rotonda. Una calle sin salida me recibe pacíficamente. Aparcamos a la espera que el grupo de majorettes cumpla con su demostración y ese final de desfile tire hacia adelante. Si la rúa circula podremos volver sobre nuestros pasos y retomar la carretera de los veranos. A esperar tocan. Si no hiciera viento saldría a echar unas fotos. Algo en el interior del coche caravana aparcado al otro lado de la calle me llama la atención. Es una figurita que baila mecánicamente de una forma muy curiosa. Sí, muy curiosa. Seguro que se carga con energía solar, me digo. Seguro que está hecha en Taiwan, me arriesgaría a afirmar. La curiosidad vence al frío. Me voy a echar a la calle. Es tan divertido comprobar que se mueve al ritmo de la música de ahí abajo que salgo de mi coche empuñando la cámara para grabarla. Un titi. Se trata de un titi; un monito supergracioso. No hay mal que por bien no venga. El hallazgo me acaba de alegrar el día.

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