La mirada de lo invisible

Los pensamientos son seres tan reales como lo que vemos.
Hay en el cine recorridos visuales de una cámara que se pone en la mirada de alguien que no existe y le reemplaza como si todavía existiera en ese momento. En Rebecca, rodada por A. Hitchcock en 1940, y basada en la novela de Daphne du Maurier hay una ejemplificadora escena de ello en la cabaña de Manderley, junto a la playa, en la que se convoca la presencia de lo inexistente y se muestra cómo se levantaría Rebecca del diván y deambularía por el sitio si aún existiera, mientras la voz en off de Laurence Olivier (Max), describe lo que vemos: un espacio invadido por la presencia de Rebecca, pero sin Rebecca:
“Ella estaba en el diván, recostada con un cenicero lleno de colillas al lado. Se veía enferma, rara. De repente, se levantó y se acercó a mí. Cuando tenga un hijo, me dijo, ni tú ni ninguna otra persona podrá probar que no es tuyo. Te gustaría tener un heredero para la bella Manderley, ¿o no? Y entonces empezó a reírse. ¡Qué gracioso! ¡Es totalmente gracioso y maravilloso! Seré la madre perfecta tal como he sido la esposa perfecta. Nadie lo sabrá jamás. Te resultará muy emocionante ver crecer a mi hijo día tras día y saber que, cuando mueras, Manderley será de él. Me estaba mirando cara a cara, con una mano en el bolsillo y otra sosteniendo el cigarrillo (la cámara ha vuelto al personaje narrador, aunque la presencia de Rebecca sigue flotando en el ambiente). Estaba sonriendo. Y bien, Max, ¿qué vas a hacer al respecto? ¿No me vas a matar? Supongo que enloquecí por un segundo. Debo haberla golpeado. Ella se quedó mirándome fijo. Tenía cierto aire de triunfo. Luego se me acercó otra vez sonriendo (Max retrocede, abriéndose la puerta interior). De repente se tropezó y cayó. Cuando miré hacia abajo tras lo que parecieron años, ella estaba tirada en el piso. Se había golpeado la cabeza con un aparejo pesado del barco. Recuerdo que me pregunté por qué seguía sonriendo. Después vi que estaba muerta…”

Anuncios