Agua de verano

El niño vecino
En la piscina de plástico
Celebra el baño
¡Feliz Navidad!
Grita
Ríe feliz como un pez real

Al caer la noche
Se prenden las luces de colores alrededor del agua
Perduran en el aire los ruidos de piececillos que chapotean

Expectante
El jardín
Se ha contagiado por entero de alegría

Con un ovario

Con un ovario, aunque la granada tiene dos: el ovario súpero y el ovario ínfero, es en este último adonde aloja su fruto. Hemos recurrido a la frase “con un ovario” para hacer referencia a algo que ocurre frecuentemente en el ámbito feminista cuando se quiere desmontar la preponderancia de frases que son de uso machista, como lo es en este caso decir “con dos cojones”. Creemos que decir con dos ovarios no demuestra nada; no hay un cambio de enfoque que pueda considerarse igualitario, fuera, claro está, de la igualdad en la preponderancia. Consideramos que la preponderancia no es una virtud a imitar, sino más bien una prevalencia de la fuerza bruta, una imposición coercitiva por medio de esa fuerza. La fuerza que a nosotros nos interesa es la del entendimiento y de la razón. La granada nos da un ejemplo: de dos ovarios que tiene, emplea el más exterior para dar fruto. Y ese otro ovario, el que queda vacío es el que a nosotras nos hace pensar en ese otro acto de vida que es el razonamiento puro.

T de toro

toro

Los toros y las mujeres tienen en común la sangre vertida. En las mujeres, porque periódicamente reciben su menstruación; en los toros, porque se les agrede con armas blancas desangrándoles hasta la muerte como forma de diversión. La sangre vertida por las mujeres es obra de la naturaleza; la sangre vertida por los toros, es obra de la crueldad humana. También es obra de la crueldad humana el maltrato a las mujeres asociado al degenerado modo de comportamiento machista. Cuando se maltrata a un toro hay en juego un alto porcentaje de machismo. Alto. ¿Muy alto? Pongamos que un 99%. El uno por ciento restante puede obedecer a causas diversas. Pero en lo que todos los analistas coinciden es que el ciento por ciento de la conducta asesina obedece al miedo a la propia identidad. La empatía con un semejante, esto es con cualquier otro ser vivo de sangre caliente y sistema nervioso como el humano nunca conduciría al crimen.

Los ruidos y el viento

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Llega el viento

Mutilando los ruidos pequeños
Y los ruidos sin aliento

Cubre
El viento
El tedio de los días
Con flores de amaranto
Y hojas de pensamientos

La luna enciende la noche
En la caja del cielo

Quiero ser un halcón
Azulado y negro
Grita el arenal blanco

Quiero ser árbol muy alto
Grita el escarabajo pelotero

Mientras los pianos enmudecen
Sin tener que decir nunca lo siento
Los ruidos pequeños
Se sumergen en el agua
Para mitigar el hambre
De las algas bajas
En estímulos sonoros

Entre los marjales del amanecer
Huye el viento

Sin parar un momento
El ángel de los mares brama
Como un toro