Grande

Compadezco
Al poeta más grande
de todos los tiempos
Pues los tiempos son muchos y
en realidad
ninguno
De modo que es preferible hablar de todas las veces
Y si no todas las veces
la mar de veces
Al poeta más grande de todos los tiempos
Le hubiera gustado ser
infinitesimalmente pequeño y efímero
Como las raras flores de apenas un minuto
en el que nadie escucha otra cosa que el zumbar de los trenes ensordeciendo el páramo
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Soy yo

pdro

-¡Eh!, ¡eh!, ¡soy yo!

-¿Eres del (olmo seco) partido por el rayo y en su mitad podrido PSOE?

-Sí, sí. Precisamente soy (algunas hojas verdes le han salido) Pedro Sánchez

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País de Invierno

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En Grandes Osos Negros, al pie de Sierra Buen Tiempo, es primavera desde hace un minuto. A los bordes de los techos con carámbanos colgando vienen pájaros diminutos a despedir el frío. Los niños, en sus casas, los reproducen dibujando con el dedo índice sobre el vaho de las acristaladas ventanas, mietras las mujeres se deshacen de sus trajes ardilla de pega para salir a recibir a la primavera. Un manto de nieve se derrite descubriendo en el campo la hermosa cama verde que asombra a los ancianos y que la mayoría de la población nunca ha visto y todo el mundo se esfuerza por recordar su nombre hasta que llega la chica del tiempo y la llama por su nombre: pradera. En el País de Invierno, ocurre un fenómeno así y todo el mundo corre de un lugar para otro con sus cámaras buscando ángulos para sacar fotos y colgarlas enseguida en sus páginas interplanetarias y que se entere el universo entero.

Está ahí

PAZ

Está ahí
Como una mariposa del verano
Para sintonizarla
La percepción es tu dial
Las florecillas del campo lo hacen
Las que nacen de las manos
Que hundiéndose en la tierra
Atienden a su germinal parto
Y las que vuelven tras la cosecha
Para permanecer en en los linderos
Mordidos por el viento

El sufrimiento no se recorta
Si cierras los ojos para darle la espalda
Si muestras amenazante tu ramo de hojas afiladas
Como cuchillos
Su fuerza se agiganta

Cual pájaros de la noche
Las estrellas abren y cierran sus párpados
A las sombras de los árboles
Con copas de nube transparente
La paz viene sin llave
Es siempre
Es todo lo que está ahí
Desde siempre
¿A qué alterarla?

Obrando en el silencio inmenso de la noche interior
Imparable edifica
Su curso permanente de verdades
Que nos preceden
Verdades
Que ni siquiera necesitan nombre
Verdades
Que nos siguen
Y verdades
Que existen desde siempre
Que son
Como el tiempo
Pura recreación de sonidos

Agua de verano

El niño vecino
En la piscina de plástico
Celebra el baño
¡Feliz Navidad!
Grita
Ríe feliz como un pez real

Al caer la noche
Se prenden las luces de colores alrededor del agua
Perduran en el aire los ruidos de piececillos que chapotean

Expectante
El jardín
Se ha contagiado por entero de alegría

Con un ovario

Con un ovario, aunque la granada tiene dos: el ovario súpero y el ovario ínfero, es en este último adonde aloja su fruto. Hemos recurrido a la frase “con un ovario” para hacer referencia a algo que ocurre frecuentemente en el ámbito feminista cuando se quiere desmontar la preponderancia de frases que son de uso machista, como lo es en este caso decir “con dos cojones”. Creemos que decir con dos ovarios no demuestra nada; no hay un cambio de enfoque que pueda considerarse igualitario, fuera, claro está, de la igualdad en la preponderancia. Consideramos que la preponderancia no es una virtud a imitar, sino más bien una prevalencia de la fuerza bruta, una imposición coercitiva por medio de esa fuerza. La fuerza que a nosotros nos interesa es la del entendimiento y de la razón. La granada nos da un ejemplo: de dos ovarios que tiene, emplea el más exterior para dar fruto. Y ese otro ovario, el que queda vacío es el que a nosotras nos hace pensar en ese otro acto de vida que es el razonamiento puro.

T de toro

toro

Los toros y las mujeres tienen en común la sangre vertida. En las mujeres, porque periódicamente reciben su menstruación; en los toros, porque se les agrede con armas blancas desangrándoles hasta la muerte como forma de diversión. La sangre vertida por las mujeres es obra de la naturaleza; la sangre vertida por los toros, es obra de la crueldad humana. También es obra de la crueldad humana el maltrato a las mujeres asociado al degenerado modo de comportamiento machista. Cuando se maltrata a un toro hay en juego un alto porcentaje de machismo. Alto. ¿Muy alto? Pongamos que un 99%. El uno por ciento restante puede obedecer a causas diversas. Pero en lo que todos los analistas coinciden es que el ciento por ciento de la conducta asesina obedece al miedo a la propia identidad. La empatía con un semejante, esto es con cualquier otro ser vivo de sangre caliente y sistema nervioso como el humano nunca conduciría al crimen.