Retrato (Ana Harendt)

Recuerdo ese juicio apareciendo de forma insistente en los noticiarios radiados y televisados; yo era una niña y mi sensibilidad que estaba ya íntegra, rechazaba la previsible pena de muerte que le iba a caer en sentencia al delincuente. Veía solamente a un hombre acorralado en una urna de cristal, me ponía en su lugar, y ello producía en mí una necesidad infinita de compasión ajena. Nunca supe cómo explicar esto hasta que leí textos sobre el perdón que me reafirmaron en mi resueltamente irreversible posición: el perdón es decididamente mucho más redentorio que toda muerte, y las muertes se alinean de tal modo con el cultivo del odio que acaban siendo un problema para quienes las ejecutan. Es mucho más culpable el sistema de leyes que permite que se reproduzcan esos patrones de comportamiento normalizado con las injusticias, que cualquier criminal que acaba considerando fuera de cuestión las órdenes que se le manda ejecutar por injustas que estas sean.

“El problema con Eichmann fue precisamente que muchos fueron como él, y que la mayoría no eran ni pervertidos ni sádicos, sino que eran y siguen siendo terrible y terroríficamente normales. Desde el punto de vista de nuestras instituciones legales y de nuestras normas morales a la hora de emitir un juicio, esta normalidad es mucho más aterradora que todas las atrocidades juntas”. (H. Harendt)

VINYETA

-Guaita, iaia, una lletra amb corona. És una corona de rei?

-Fa una mica difícil d’explicar: l’any 39, li van trencar la corona del rellotge de polsera a la República i aquests de la pandereta van haver de recórrer a un rei que se n’havia deixat per fer-lo tornar, tot pensant que una corona més ja no li vindria d’un pam.